Carta de homenaje al Dr. Roberto Simioli

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“Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales.
Hay fuegos grandes y fuegos chicos
y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno,
que ni se entera del viento,
y gente de fuego loco,
que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos,
no alumbran ni queman;
pero otros arden la vida con tantas ganas
que no se puede mirarlos sin parpadear,
y quien se acerca, se enciende”.

EDUARDO GALEANO

En conmemoración del primer aniversario de tu partida, el Hospital San José y la Secretaría de Salud Comunitaria queremos, a través de estas palabras, recordarte y homenajearte como compañero, maestro y amigo: nuestro querido Doctor Simioli… o Roberto, como te solíamos decir ante la duda que imponía el respeto que primaba sobre el gran afecto que has logrado ganarte durante tantos años de compañía.
Nos has privado con tu partida de muchas cosas pero nos hemos quedado con muchas otras, porque no es usual encontrarse con colegas de la calidad y el profesionalismo que te caracterizaban. Sabíamos que teníamos detrás de nosotros la solvencia de una eminencia. No fuiste un pediatra más, brillaste entre muchos, y tuvimos la suerte de ver ese brillo.
Fuiste mucho más que una fortaleza para los que te admiramos. Has demostrado con humildad tu intención de formar un gran equipo. Nos incluiste e invitaste a trabajar con seriedad, con rigor científico y con plena responsabilidad. Nos enseñaste que todos tus logros se basaron en esfuerzo, estudio y aprendizaje constante. Tu modestia y tu espíritu adolescente permitió que fueras uno más, traspasando generaciones, sin que nadie notara que una vasta experiencia podría hacerte además de nuestro maestro, un padre.
Quienes trabajamos a tu lado percibimos tu generosidad y dedicación desinteresada, una grandeza para escuchar y alentarnos. Siempre te mostraste con una sonrisa y eso perdurará siempre, como un retrato, que nos demuestra que todos los días se puede trabajar con buen humor y ternura, a pesar de la complejidad que nuestra profesión.
A tus colegas, nos demostraste un deseo imperioso de crecimiento profesional que nos enfrenta a tus pacientes con cierto temor; aunque les hayas transmitidos la confianza por tu equipo que tanto agradecemos y nos enorgullece.
No es justo ni entendible tu destino y siempre es corto el tiempo compartido cuando tenemos el privilegio de crecer con un ser de tal dimensión. Fuiste un ejemplo de humildad y compromiso, un sabio para muchos; fuiste agnóstico y de valores nobles como pocos. Tenías la marca de una generación luchadora y de alma vital, pero sobre todo, mostrabas la calidad de persona que nos dejará una impronta difícil de olvidar.
Fuiste y seguirás siendo nuestra inspiración y nuestro faro como profesionales de la salud y, especialmente, como personas.
Gracias por fortalecer nuestro equipo, por darnos tu confianza.
Gracias por permitirnos compartir tu vida en un instante.
Gracias por dejarnos tu sonrisa… en tu ausencia.
Tu fuego permanece vivo en nuestro recuerdo y aviva nuestra tarea de cada día.

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