La igualdad de género, un compromiso de todos

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En este 8 de marzo, Día Internacional de la mujer, la jefa de Gabinete, Mariela Schvartz, comparte una reflexión acerca del avance de la mujer en la sociedad y el rol que debería ocupar el Estado como generador de políticas públicas inclusivas.

 La adhesión al Paro Nacional de Mujeres es un paso más en este camino que estamos trazando las mujeres para lograr ser tratadas con equidad. Para lograr que, en nuestras diferencias, podamos disfrutar de la fraternidad con el otro. Para dejar atrás la violencia que se ejerce casi sin darnos cuenta día a día sobre nosotras. Esa violencia que hasta llega a quitarnos la vida por el solo hecho de ser mujeres o esa violencia silenciosa que nos oprime y discrimina poco a poco en nuestra cotidianidad.

 Hablando de cotidianidad, les comparto una situación que viví hace poco en la que todavía sigo pensando. Meses atrás me sorprendió, para bien, un diálogo entre una amiga y su hija a quien le habían encargado un trabajo para el colegio sobre los derechos de la mujer. La adolescente le pidió a mi amiga que le detallara bien cómo fue que le negaron un aumento de sueldo por el simple hecho de ser mujer. Mi amiga entonces soltó la anécdota que hoy comparto con ustedes.

 La habían ascendido hacía tres meses y cumplía con sus nuevas responsabilidades sin problemas. Y allá fue a pedir que le aumentaran el sueldo para ganar lo que ella sentía que le correspondía: tener el mismo sueldo que sus pares y acorde con las nuevas tareas que ejercía. Todavía me retumba en la cabeza escuchar la voz de mi amiga contándole a su hija: “Me dijeron que no porque yo estaba casada y como mi marido me mantenía, no necesitaba del aumento”.

 Pero esto no fue mi sorpresa. La sorpresa fue ver cómo su hija quinceañera no naturalizaba esta situación, sino que por lo contrario dijo: “Por suerte yo nací en otra época donde esas cosas ya no pasan.” Y pensé: Vamos mejor. Vamos por mejor camino. Al menos en su inocencia, esta adolescente hoy entiende y siente que no está bien que una mujer gane menos que un hombre.

 Pero ella, en su inocencia, no sabe todavía que en nuestra región, los hombres ganan en promedio casi un 20% más que las mujeres. Que el 55% de los puestos ocupados en la economía informal pertenecen a las mujeres. Y que, además, sabemos que las mujeres realizan de 3 a 5 veces más trabajo doméstico no remunerado que los varones. Que 9 de cada 10 mujeres de 20 a 59 años dedican más de 46 horas semanales a las tareas domésticas.

 Pero peor aún es la situación entre aquellas adolescentes que no trabajan ni estudian porque son ellas las que realizan las tareas domésticas no remuneradas para que sus madres lo hagan fuera de sus hogares de modo remunerado. Y esta brecha, si se ensancha, va a ser más perversa aún.

 Hoy desde el Estado debemos achicar estas brechas promoviendo políticas que no solo alienten a que las retribuciones económicas a las mujeres por el trabajo fuera de casa sean dignas e igualitarias, sino también promover políticas públicas que promuevan su autonomía económica y, además, que den pié al cambio de paradigma para que el cuidado y el trabajo dentro de nuestros hogares, ese trabajo no remunerado que hoy es casi un trabajo exclusivo de la mujer, sea en el futuro inmediato cosa de todos y todas.

 Sí, está muy bueno que en este día reivindiquemos nuestros derechos, porque todavía nos falta mucho camino por andar. E invito a todos a hacerlos carne en nuestros pensamientos y en nuestros corazones, para que hagamos entender al mundo que el derecho a la igualdad de género no es sólo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para que el nuestro sea un mundo pacífico, próspero y sostenible.

 Porque las mujeres, además de la enorme capacidad que tenemos para estudiar y trabajar, para dar vida, contamos también con una capacidad gigante de perseverar. Y es la perseverancia lo que está dando frutos a nuestra participación en la sociedad en pié de igualdad con el hombre y en nuestro desarrollo íntegro como persona. En este paro simbólico estamos perseverando en esto de lograr un futuro más digno para nuestro género que redundará en beneficios para toda la humanidad.

 Una enorme mujer, Simone de Beauvoir, dijo: “Si la mujer ha franqueado en gran medida la distancia que la separaba de un varón, ha sido gracias al trabajo; el trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad concreta”.

 

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