Lic. Katty Altimari /Unión x Campana FR-UNA “Justicia por mano propia, la última frontera”.

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La “justicia por mano propia” no es una innovación argentina, ni siquiera una creación de nuestro continente. Viene de una época más lejana y nos refiere a un periodo donde los sistemas para imponer castigo por los crímenes eran sumamente ineficientes y, a veces, injustos a la vista de todos.

Cuando decidimos ser una Nación firmamos un contrato entre cada uno de nosotros asumiendo que salirse de ese contrato estaba mal. Que si alguien intentase cortar camino e imponerse sobre otro en base a la fuerza  la justicia iba a dirimir el conflicto e imponer una condena a aquel que atentara contra nuestra persona, nuestros seres queridos o nuestra propiedad.  En ese sentido, es lógico asumir que habrá una fuerza de represión (la policía) que capturara al delincuente y un juez que impondrá una condena. Luego el sistema penitenciario se encargará de velar por el cumplimiento de tal condena y reformar al delincuente, y fundamentalmente que habrá un gobierno que genere las herramientas legales para que todo esto funcione.

¿Suena a un cuento? Si. Usted, estimado vecino, ha leído el párrafo anterior y ha sentido que quizás ha perdido el tiempo, porque en la “práctica” o en el día a día ve a la luz de todos como cada una de esas instancias fallan, no lo protegen y frente a una situación de indefensión USTED SIENTE QUE EN EL MUNDO SON DOS PERSONAS: ÉL (el delincuente) y USTED.

Cuando lo anterior pasa USTED debe tomar una decisión muy difícil: se defiende o le roban, ataca o lo matan o le matan a un ser querido. Permítanme aclararles, jamás voy a estar de acuerdo con la justicia por mano propia porque también es un delito y no hay “delitos buenos” y “delitos malos”. Con la misma fuerza le juro que entiendo porque se siente así. Cuando todo falla estamos solos. No hay ciencia, no hay ley y no hay fe que nos explique porque todo salió mal.

Hay algo que fallo cuando el delincuente entendió que la única forma de vivir es robando y, como si esto no fuera suficientemente violento, también asesinando. Hay algo que fallo cuando a usted no lo protegieron. Hay algo que fallo cuando al que lo asalto lo liberaron.  Hay algo que fallo cuando lo volvieron a atacar y hay algo que fallo cuando usted decidió que iba a impartir justicia porque estaba solo.

No existe un país sin delitos, no existe un lugar en el mundo donde nadie salga lesionado. ¿Sabe que más no existe? Un país, cuando la gente debe defenderse sola. A eso se le llama, volver a la selva y, en la selva sobrevive el más fuerte. Nuestro acuerdo como Nación fue  que íbamos a tener personas encargadas de velar por nosotros, pero nos rompieron el contrato en la cara.

A pesar de que el presidente considere que “hay que estar tranquilos” porque a una persona le fallaron todas las formas de protección y se tuvo que defender sola, no seamos inocentes. No dejemos que con ese discurso nos impongan a cada uno ser dueños de nuestra propia ley y nuestra propia justicia porque la única ley en ese momento la dicta el que más rápido y más violento es en su respuesta.

Todos sabemos que la inseguridad empeoro sustancialmente, no veo solución posible cuando desde lo político se deslindan responsabilidades, cuando la culpa solo la tienen los fiscales y los jueces de turno, y no tengo “lo que tengo que tener” para dialogar y consensuar con todos quienes se vinculan con la seguridad y proponemos acciones concretas. No voy a ahondar en estadísticas y números no van a mejorar mi argumento porque la inseguridad la vivimos, la padecemos y la respiramos en cada instante, pero siento que es mi responsabilidad, como siempre lo ha sido, poner la vista en lo humano y en lograr una reflexión intima con todos ustedes que de verdad nos sirva. No como expresión de un espacio político, sino como una expresión de humanidad y civilización.

 

 

 

 

 

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