El Rincón del Canchillo: “Historia y tradición desde el siglo XVIII hasta nuestros días”

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Un hallazgo sorprendente

Cuando en Junio de 2000 un paisano encontró hundida a orillas del Río Luján una imagen de la Virgen María, se disparó en el imaginario popular una serie de interesantes conjeturas. En aquel momento, quien suscribe, estaba investigando sobre la historia de la propiedad rural en la que en 1875 los hermanos Costa lotearon el pueblo de Campana, por lo que pudimos aprovechar aquellas pesquisas para echar luz sobre la historia remota de aquel rincón de nuestro Partido, actualmente Río Luján, cuyas antiguas raíces se remontaban a muchos siglos atrás.

La zona del hallazgo, comprendida en el bajío ribereño del Río Luján, es una zona inundada periódicamente por el río, despoblada hasta la actualidad y utilizada, desde tiempos inmemoriales para el pastoreo de ganado. El valle de inundación, o bajío ribereño, ese espacio tan presente en las discusiones de extrema actualidad sobre el uso del suelo en nuestra región, fue el protagonista de ese hecho que movilizó a su comunidad preguntándose por su propia historia.

El entorno de lo que hoy es el poblado de Río Luján, que cuenta en la actualidad con menos de 300 habitantes (Censo 2010), fue conocido en otros tiempos como “Rincón del Canchillo”. Incluso ese fue el nombre de la actual calle Estrada de Campana, hasta bien entrado el siglo XX, en recuerdo de ese importante poblado.

El poblamiento de toda esa zona, puede fecharse, incluso, muchos años –y siglos- antes del presente. Gracias a la arqueología sabemos que los pueblos originarios ya habitaban estas tierras por lo menos hace más de 1600 años de antigüedad.

El hallazgo de la imagen tallada en madera; la movilización de los vecinos del pago en torno a ese hecho para forjar un hecho cultural aglutinante que va creciendo año tras año, fueron detonantes para una serie de indagaciones históricas cuyos avances aún están en una etapa preliminar.

El oratorio del Canchillo

La primera cuestión tuvo que ver con el rescate del topónimo, “El Canchillo”, que sólo algunos vecinos memoriosos recordaban. Ese nombre tiene su origen en el nombre de uno de los vecinos de la estancia “El Rincón de Campana”, en la que los hermanos Luis y Eduardo Costa crearon nuestro pueblo. Su nombre: Juan de Melo, según los documentos de la época, “alias el Canchillo”. En el ya lejano siglo XVIII, el Capitán Melo era dueño de una estancia vecina, en lo que hoy es la zona de Río Luján. Allí, además de una estancia dedicada especialmente a la cría de ovejas, vacas y caballos, poseía una capilla, un oratorio dedicado a Nuestra Señora del Rosario.

El inventario que se realizó en 1755, con motivo del deceso de Melo, detalló la existencia de la casa principal, nueve esclavos negros y mulatos, las cabezas de ganado, algunos arados viejos y del oratorio:

“… construido de limosna a la advocación de la Virgen del Rosario para el bien de sus hijos ascendientes y descendientes (…) Primeramente la capilla de tres tirantes pared de adobe cocido y crudo con su pórtico, su sacristía y corredorcito de media agua de lo mismo; todo ello cubierto de teja edificada en veinte varas de frente y en su fondo correspondiente su montecito de árboles de durazno que tendrá como más de ciento con su división…”

Además, se mencionaba la existencia, en el templito, de una imagen: “La Virgen del Rosario de bulto de más de dos tercias de alto corona de plata, vestuario de hábito (…) su retablito de madera llanito (…) unos manteles de Bretaña con sus encajes (…) el cáliz y patena de plata”. Entre las limosnas que había recibido la capilla se contaron unas vinajeras que había donado Esteban Lómez, dueño por entonces de la estancia vecina, y que cuatro años después vendió a Francisco Álvarez Campana. El “Canchillo” dejaba expresas indicaciones a sus sucesores -su mujer y seis hijos- para que su cuerpo reposara en esa misma capilla.

Varios años después, en 1777,  uno de los hijos de Melo, Valerio, se presentó al Convento de Santo Domingo con la siguiente oferta:

“… habiendo sido llamado por el reverendo padre presentado Fray Feliciano Cabrera prior actual de este convento de Nro. Padre Santo Domingo, mandó su Paternidad Reverenda se juntase la sagrada comunidad y estando así juntos les dijo y propuso como Don Valerio Melo hallándose soltero y con la edad de más de sesenta años y sin heredero forzoso ascendiente y descendiente quería y era su voluntad hacer donación a este convento de quinientas varas de tierras de estancia de frente, y nueve mil de fondo, que lindan por la frente que es la parte del Sur, y  por la del norte con tierras de sus hermanos Orencio y María de Melo y por la parte del fondo con tierras de Don Francisco Alvarez Campana”.

Esas tierras, que Valerio había heredado de su padre Juan, incluían el oratorio: “… una capilla con la advocación de nuestra Señora del Rosario de cinco tirantes todo maltratado, y en ella un retablo de madera usado, dos campanas, una campanilla de metal, un par de vinajeras de plata, un cáliz y patena (…) un misal, casulla, alba, escapulario, manteles con su palio. El retrato de la dicha advocación de bulto como de  tres cuartas de alto con su vestido de seda su corona de plata y sus zarcillos pequeños de oro de todo lo que hacía la dicha donación…”

En el archivo del Convento de Santo Domingo, se conservan las evidencias que demuestran que las tierras pasaron efectivamente a ser propiedad de la Orden. Un documento sin fecha, detalla los bienes raíces del mismo, mencionando  “un papel por donde consta ser nuestra la estancia fundada en el Rincón de Canchillo”, y más adelante amplía:  “Valerio Melo otorga escritura de donación de 500 vs de tierra en el Rincón de Canchillo que heredó y linda con otros herederos donde tiene una capilla u oratorio con condición que lo mantenga en convento mientras viva en dicho paraje, dándole asimismo un capellán que lo acompañe y lo entierren después de su muerte”. El dato ilustra que en ese camposanto estarían sepultados, por lo menos, padre e hijo.

Hacia 1795, otro inventario nos da pormenores de la estancia, todavía propiedad del Convento: “Apunte de los bienes de una estancia del Canchillo:

  1. Una capilla de Nra. Sra. Con dos vestidos y una corona de plata. Con potencias de plata.
  2. Un altar con un par de manteles, un cáliz de plata, unas vinajeras de plata, un hostiario de hoja de lata, tres frontales, una tarima.
  3. Cuatro casullas, misal y atril.
  4. Ocho candeleros, un arco de flores, cuatro ramos y dos cuadros, uno de San Miguel y otro de Nra. Sra. De los Dolores.
  5. Una caja de la Virgen y una cajita de hoja de lata.
  6. Una cocina con todos sus aperos.
  7. Doscientas cabezas de ganado.
  8. Una manada de caballos con yeguas.

 

Los Canchillos

 La historia del Rincón del Canchillo no terminó en el período colonial. De hecho, un mapa que se levantó de toda la cuenca del Río Paraná de las Palmas y su delta de 1827, lo ubica con una importancia mayor que la de otros rincones vecinos, incluyendo el de Campana. Fue en ese pago donde funcionó la que probablemente fuera la primera escuela del actual Partido de Campana, la escuela rural N° 5. Aún perteneciente al Partido de Exaltación de la Cruz, allí fue maestro José Feliciano Cruz, autor del que tal vez fuera el primer libro publicado en la campaña bonaerense, “El alfabeto moral”, en 1871.

Sobre el oratorio, tal vez su última aparición documental fuera en 1803, cuando el Obispo Lué realizó su visita pastoral, y al pasar por la Parroquia de Exaltación de la Cruz, ordenó su clausura por el lamentable estado en que estaba el establecimiento. Abandonado, sus restos deben permanecer como un testigo más de una rica historia colonial que, en forma de restos arqueológicos nos siguen esperando bajo el suelo.

De los hombres que habitaron este Rincón del Canchillo, que algunos textos generalizaron como “Los Canchillos”, concluimos con las palabras de Jesús María Pereyra, que refería a la trascendencia del pago y sus habitantes: “paraje de fama por su belleza topográfica y habitado por hombres como expresamente venidos de otros mundos para poblarlo. Hombres para el agua. Hombres para los bañados y tembladerales, para los fangos y pantanos, para las cañadas, los zanjones, la tierra firme. Hombres completos.”

 

Dr.Oscar Trujillo

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